EL REY · Homenaje José Alfredo Jiménez

José Alfredo Jiménez (1926-1973) no se consideraba así mismo un músico, no pretendía que sus canciones fueran consideradas como poemas, pero da la casualidad que algunas de sus letras son estudiadas hoy en día, en la Universidad de Alcalá de Henares, en España. Sus canciones pueden estar sonando en la radio japonesa o siendo escuchadas en un teatro abarrotado en Alemania al mismo tiempo; lo mismo da escucharlas en el Luna Park, de Buenos Aires; o en el Teatro Olympia, de París.
En estas épocas, cuando todo exceso, incluso el intelectual, es visto como una señal de inmadurez, surge el recuerdo de este compositor guanajuatense, como el de aquellos personajes que no quieren llegar a la muerte con una buena salud y que prefieren desgastar su condición física en la bebida y en las tormentas que azotan su corazón.


Para Nietszche, el super-hombre era factible si se eliminaba esa figura del Dios que todo lo sabe. Para José Alfredo, bastaba una botella de tequila, que lo encaminaba hacia su canto, que era, a la vez, su gloria y su castigo. Así El Rey prescindía de trono y de reina y de la comprensión de los demás. El seguía siendo El Rey, a cambio de que el alcohol no lo abandonara y de que su pueblo, al que tanto amaba, siguiera cantando sus canciones.


México canta y cantará las canciones de José Alfredo y esa predilección que les tiene se debe, quizás, a la sensibilidad que tuvo el guanajuatense de expresarse en una verdad que el pueblo siente.
Alguna vez, un poeta suicida, escribió: “Es mejor arder que consumirse poco a poco...” Éste parece ser el credo de José Alfredo. ¿Para qué andar por esta vida estimando las moderaciones? José Alfredo, sin la menor duda, amó, lloró y escribió sin miedo.


Ojalá, querido espectador, que, con este espectáculo, logremos fijar aún más en su corazón, la figura y el genio de este mexicano inigualable.

 

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